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08 / 02 / 2016

La prueba del 9

Pedro Simón. Periodista de El Mundo

Hacia el año 2000, en un restaurante de plato grande y tajada pequeña, un alto directivo del Real Madrid y un emisario de Fernando Torres comían porque el primero quería reeditar la famosa escena de los documentales de La 2, ya saben: la imagen de un pez gordo zampándose a un pez chico.

Descartado el merengue, el postre fue un «no», la oferta fue rechazada y el portavoz torrista terminó la mandarina antes de hacer entrega del recado.

- Fernando me ha dicho que no quiere ni escuchar ofertas vuestras.

- ¿Pero cómo puede ser que este chico quiera jugar en el AZ [léase Atlético de Madrid] pudiendo hacerlo en el Ajax [léase Real Madrid]? -le inquirió el directivo.

- Pues ten cuidado a ver si un día el AZ le acaba mojando la oreja al Ajax.

El curso siguiente, hubo una alergia en España por culpa de las monedas de euro, el obrero Lula Da Silva era elegido presidente de Brasil, Marruecos invadía Perejil y, por supuesto, el AZ ganaba la Liga holandesa.

Gol 100 de Fernando Torres con el Atlético

La primera vez que el Real Madrid quiso fichar a Torres, el chico tenía 14 años, jugaba con chavales de 16, tenía un póster con la imagen de Kiko en su casa de Fuenlabrada y -como le pasaba a todos los críos con las matemáticas- se le atragantaba la prueba del 9.

Podías creer tener un buen resultado, un problema encarrilado, medio tanto hecho, pero si te fallaba la prueba del 9, había que volver a empezar desde el principio.

Eso lo sabe Fernando.

Eso lo sabe cualquier equipo de fútbol.

Eso lo sabe mi hijo: si el 9 no marca, si nuestro 9 no sonríe, entonces cantamos más bajito el gol.

Ahora que hay ratos en que corre un silencio como de nuevo rico por el Manzanares, ahora que hay quien perdió la memoria, ahora que el Calderón, en ocasiones, parece un imán para ciertos comepipas de gatillo fácil, ahora que hay quien dice que Fernando ya no; yo me acuerdo de cuando en la grada no éramos tantos pero estábamos más juntos. Me acuerdo de aquel crío que a los 17 años se colgó la camiseta a la espalda y parecía un Supermán con pecas. Del veinteañero que, temporada tras temporada, justo antes de sacar de centro después de que se adelantara el rival, decía que «no» con la cabeza. De aquel tipo del Liverpool que en los fastos de la Eurocopa, solísimo sobre el autobús, hacía ondear una bandera del Atleti.
En el fútbol hay tipos que celebran abrazándose a sí mismos y tipos que celebran abrazándose a un octogenario arrabalero que lleva muletas y que es de Carabanchel.

Al hijo le perdonas mil veces, con el hijo tienes paciencia, al hijo le animas, al hijo no le vendes jamás, al hijo le esperas siempre. Si este deporte tiene algo de pedagógico, tendría que ser esto: el fútbol no es sólo fútbol. Y el Atleti menos.

Yo quiero que los míos se miren en espejos como el de Fernando, un tipo que cuenta que galáctica es «la mujer que le da de comer a sus cinco hijos, sola, sin pareja, trabajando 12 horas al día»; que te dice que mejor le pidas un autógrafo al «vecino que se levanta cada día a las seis» para subirse a una fugoneta; que no quiere que se sepa que ayuda económicamente a un montón de amigos sin curro.

Porque entre ser un ídolo y ser un hombre, Fernando siempre eligió lo segundo.

Con eso debería servirnos en el Calderón. Con eso y con aquel recado de sobremesa para el tiburón blanco. Y a la mierda, Fernando. A la mierda el gol número 100.


- Artículo publicado en el Diario El Mundo (08-02-16) / Foto: J.A. Sirvent

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