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30 / 06 / 2008

Torres de grandeza

M. Ángel Hergueda. Columnista de www.elmundo.es

Se paró el tiempo cuando esa pelota superó el cuerpo de Lehmann, describió una mínima parábola, botó y entró empujada por todo un país, mansa, llena de gloria. El gol, ese gol inmortal vale una Eurocopa, el título de mejor jugador de la final y pone a Fernando Torres en la cima del fútbol, esa que ya había apuntado durante una magnífica temporada en el Liverpool.

Fue una arrancada que retrató la indecisión de Lahm y Lehmann y un toque preciso que dejó helado a todo el fondo alemán, impávido ante la precisión del Niño. Ya lo había hecho dos veces antes, en las finales de los Europeos sub-17 y sub-19 ante Francia y Alemania. Y en ambas marcó.

Estaba escrito que la velocidad del Niño iba a decidir el partido. Sobre todo tras un torneo donde también había conocido el lado amargo. Siempre había sido el primer relevo para Aragonés, el mismo tipo que le dio los galones del Atlético, en Segunda División, allá por la primavera del año 2001.

Cuando veía la tablilla, Fernando torcía el gesto. Pero luego, entre partido y partido, su padre futbolístico le logró convencer, en privado y en público, de que este torneo estaba destinado para él. Sólo había marcado ante Suecia. Había tenido muchas más situaciones, pero siempre sobraba un recorte o el disparo pasaba silbando junto al poste.

Pero la final le dio la revancha merecida. Se dirigió junto al córner, se llevó el dedo a la boca, como ese niño que siempre fue, se tiró de rodillas y cantó el gol que soñaron 45 millones de españoles que ya le reverencian casi igual que Anfield. Porque en Liverpool, nadie lo olvida, ya festejó 33 dianas en tres competiciones, 25 de ellas en la Premier League.

Benítez se lo llevó para allá a cambio de 36 millones y ese chico de Fuenlabrada, todavía con pecas de cadete, se convirtió de golpe en la referencia de los 'reds'. Con esa vitola llegó a la Eurocopa. Y con las ganas de demostrar que las críticas recibidas con la Roja eran injustas.

Había un halo de malditismo también con esa camiseta. Una lesión le impidió jugar en Aarhus, el partido decisivo ante los daneses. Era octubre de 2007 y nadie daba un céntimo por el grupo. Mucho menos tras la ausencia del referente en ataque. Sin embargo, Tamudo hizo un favor que también es justo recordar.

Nunca lo tuvo fácil Fernando. Tampoco con España, donde debutó en septiembre de 2003 con 19 años ante Portugal. Tuvo que esperar hasta abril siguiente para liberarse con su primer gol. Fue en el Luigi Ferraris de Génova. La sombra de Raúl seguía siendo enorme. Tampoco ayudó el fracaso en la Euro de 2004. Ni el mal partido de octavos del Mundial de 2006. Ahí ya tenía los mandos. Pero faltaban dos años para ese gol de Viena. Ese que le coloca como favorito para el Balón de Oro. Ningún español lo agarra desde 1960. Quizá, 48 años después, Luis Suárez encuentre sucesor.


Columna publicada en www.elmundo.es (30-06-08)

 

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