Política de Cookies

Bahía Internacional utiliza cookies propias y de terceros que permiten mejorar la usabilidad de navegación y recopilar información. No se utilizarán las cookies para recoger información de carácter personal. Solo se instalarán las cookies no esenciales para la navegación si acepta esta característica. Más información

Usar cookies de Google analyticss

F9T - Web oficial de Fernando Torres F9T - Web oficial de Fernando Torres

F9T - Web oficial de Fernando Torres F9T - Web oficial de Fernando Torres

Hacer Slide a los lados para ver las noticias
El Mundo reúne en Alcalá a Fernando Torres y Nazareth Castellanos (Foto: José Aymá)

Torres, a Nazareth Castellanos: “El deporte es salud, la alta competición es lo contrario”

El Diario El Mundo propicia este encuentro entre el entrenador del Atlético Madrileño y la neurocientífica, donde conversan sobre la alegría, el fracaso, la importancia de la respiración, el amor y el ruido

...

13-10-2026

Fernando Torres sueña con haber conocido a Marco Aurelio y a Nazareth Castellanos le pasa lo mismo con Ramón y Cajal. El ex futbolista del Atlético de Madrid es un apasionado de la Filosofía y la neurocientífica y física teórica lo es de la actividad cerebral. El primero celebra a los estoicos como quien grita gol y la segunda dice eureka cuando se pone a hablar de sus investigaciones sobre la importancia de la respiración en el bienestar.

De tal modo que, en este encuentro, hay más partido del que pudiera pensarse a priori.

Con el número 1, qué es ser un maestro. Con el 2, la virtud. Con el 3, la vida. Con el 4, la felicidad... Y así hasta completar una alineación con muchos titulares (ya leerán). Estos 11 temas de conversación en 90 minutos.

Pregunta. Escribes en tu libro, Nazareth: "Para mí, un maestro es aquel que da seminarios y no conferencias, porque seminario viene de semilla. Esto es cosa de pocos, de los grandes". ¿Quiénes plantaron la semilla en vuestro camino?

Nazareth Castellanos. Carl Sagan. Era un físico muy prestigioso en Estados Unidos, astrónomo, que hacía mucha divulgación y tenía la serie Cosmos, una belleza. Era un maestro en relacionar la ciencia con la mitología, en sacarle a la ciencia un sentido más sapiencial, filosófico... Fue muy inspirador.

Fernando Torres. Dejando a un lado a mis padres, la primera persona que me marcó fue Antonio, mi profesor de Filosofía en la ESO, una materia que casi no le gusta a ningún niño. Por la edad a la que te pilla: tener que interpretar, entender... Él me dijo: "Sé que no te gusta esta asignatura, pero llegará un momento en que la aprecies". Y con los años así fue. Hace no demasiado, empecé a leer filosofía, a estudiar a los estoicos, Marco Aurelio, Epicteto, Séneca... Ahí me acordé de Antonio.

N. C. Fíjate qué bonita es esa definición de maestro. Maestro es el que lo es después de mucho tiempo, que es lo que nos lleva a una semilla y a su fruto.

F. T. Eso me pasó con Luis Aragonés: una persona muy muy exigente conmigo. Yo interpretaba que era alguien que me estaba poniendo bajo presión constantemente. Llegué a pensar que no creía en mí. No entendía lo que me decía... Y, con los años, me di cuenta de que cada cosa que me fue sucediendo ya me había sido anunciada antes por Luis. Él ya me había preparado para eso cuando yo solo tenía 17 años.

P. ¿Y qué cosas fueron aquellas que te enseñó?

F. T. Él me hablaba de qué era jugar bien. Trató de explicarme cuáles eran mis carencias y convertir esas carencias en una virtud. Eso a un futbolista no le gusta: que le digan lo que hace mal. Él me enseñó que no hay que perder tanto tiempo en las carencias, sino en potenciar las virtudes. Comprendí que era bueno en algunas cosas, no en todas. Y que mi juego tenía que consistir en hacer esas cosas muchas veces. También me lo decía Rafa Benítez: "¿Tú dónde eres bueno? ¿Corriendo? Pues corre. No te empeñes en demostrarnos que tienes que bajar a jugar la pelota. Hay muchos que lo hacen mejor que tú. Y no pasa nada. Tú corre...". Y esa fue la clave: el hecho de conocer tus defectos te otorga una virtud.

P. Nazareth, en el libro citas a Steiner: "Somos los invitados de la vida y tenemos que aprender a ser buenos invitados". ¿Qué es ser un buen invitado en la vida?

N. C. Lo que defiendo en El puente donde habitan las mariposas es el concepto de ser invitado de la vida como habitar esa vida. Cuando nos dicen lo que no hacemos bien, lo evitamos. Pero hay que habitar todo, hasta lo que no se nos da bien, nuestras partes más oscuras. No hay que huir. Muchas veces le prestamos atención a aquello en lo que somos muy buenos y se nos olvida que hay ciertas partes oscuras que, no por no mirarlas, no están... En la psicología hemos dejado muchas partes sin visitar, pero eso no significa que no operen en nosotros.

P. ¿Qué os hace realmente felices?

F. T. El sentido de la vida para mí es el amor. Es el pilar fundamental. Si tú sientes amor y te sientes querido, eres capaz de dar y hace falta poco más. A partir de ahí, todo es más sencillo. Cuando das, es mejor tu trabajo, tu relación con los demás... Yo soy feliz, he nacido en una familia feliz, en un barrio que me ha hecho feliz, he logrado mucho más que mis sueños. Para mí, jugar una vez en el Calderón era mi sueño. Me siento muy querido. Ahora me toca devolver.

N. C. Te adoran y te respetan, Fernando. En el cerebro es diferente admirar de querer. Se ha estudiado en los famosos. Escuchas: "Yo le admiro porque juega muy bien". Pero eso no tiene por qué despertar la parte de querer al otro. Contigo suceden las dos cosas. Y eso es muy bonito. Cuando una persona pasa de admirar a querer a alguien, su cerebro reconoce al otro como familia. Eso habla del impacto que tenéis entre los jóvenes.

F. T. A veces puedes tener un día malo, pero tienes que saber tratar a la gente que te viene a ver, tienes que ser empático. Entré en el Atleti con 10 años. Tendría unos 11 cuando, estando en el Calderón los chicos del alevín y del infantil, nos íbamos a un torneo. Esperábamos el autobús y los jugadores salían de entrenar en sus coches. Todos queríamos acercarnos a ellos. A mí me daba vergüenza acercarme, pero veía la cara de decepción de mis compañeros porque no se paraba ninguno. Estaba mi madre, Flori. Me dijo: "Si algún día llegas ahí y vas en uno de esos coches, tú te paras. Que no me entere yo de que no lo haces". Eso me marcó. Siempre me paro.

 

Fernando Torres, con Nazareth en las instalaciones del Atlético de Madrid en Alcalá de Henares (Foto: José Aymá)

 

N. C. Hablabas de lo que nos hace felices. Yo soy muy entusiasta; todo me hace ilusión. Pero me he dado cuenta de que, a veces, la felicidad tiene un componente muy grande que tiene que ver con lo de fuera, con que el medio exterior no se convierta en algo hostil. La felicidad es algo a lo que damos la bienvenida, pero como decía Antonio Gala: "Si la felicidad no llama a mi puerta... ¡que la zurzan!". Me gusta casi más la serenidad que la alegría; creo que un valor que infravaloramos es el de estar tranquilos, la sensación de paz.

P. Sacado de tu libro: "Reconstruir es apoyarse en el suelo en el que hemos caído para que se levante alguien nuevo, que no será el mismo que se cayó". ¿Alguna vez os habéis tenido que reconstruir de ese modo?

N. C. Recientemente, tuve problemas muy fuertes con el padre de mi hija. Para mí, eso fue tocar fondo, porque se había herido a la niña. Fue el fondo más hondo que he tocado en mi vida. Se me caía el mundo, mi esquema. Incluso, perdí el entusiasmo, las ganas de hacer cosas, pero tenía que seguir... Ahí me di cuenta de lo de volver a empezar. Reflexioné mucho sobre cómo se había llegado hasta allí. Algo que me ayudó en esa reconstrucción para salir mejor de lo que yo había entrado en aquella situación fue agarrarme mucho a mis refugios. Había días en que era profundamente difícil. A qué me agarro, dónde está ese escondite, esa cueva en la que me escondo... Eso lo decía mucho Cajal.

P. La respuesta son las pasiones.

N. C. Lo que te hace volver a ti. Para mí, leer, estudiar, indagar sobre las cosas siempre ha sido un refugio. Y no esperar a hacerlo con alegría, sino simplemente que en ese momento me sostenga.

F. T. He tenido decepciones, grandes fracasos, momentos en los que uno no ve salida... El mundo del fútbol va muy rápido. A nivel personal, la muerte de mi padre es el primer acontecimiento que me ha cambiado, el primer impacto real... Por eso, leo filosofía estoica. Creo que los filósofos estoicos me habrían ayudado de joven. Primero, entender que no todo depende de ti. Segundo, un pilar básico para mí: detecta qué está bajo tu control y qué vas a hacer. Tercero, actuar conforme a la virtud, lo que tú creas que es lo correcto... O sea, qué está en mi mano y qué no, qué puedo hacer yo por mí mismo, y después seguir tus principios.

P. ¿Por qué es tan importante respirar bien?

N. C. En laboratorio, investigamos la influencia de la respiración sobre el cerebro. Observamos lo que le ocurre al cerebro según cómo respiremos. Es un campo muy muy reciente. En 2017, Stanford publicó el primer estudio de la neuroanatomía de la respiración y, hasta entonces, no se pensaba que la forma de respirar influía en tu mentalidad, cognición, memoria, emociones, estado anímico, bienestar. Y ahora se sabe que sí... Primero, es importante por higiene física. Respirar bien supone hacerlo prioritariamente por la nariz (cuando estamos quietos y callados, por supuesto) ya que así el aire se limpia, se atempera y se humedece según las condiciones del cuerpo. Si inspiramos por la boca, los patógenos del aire afectan a la garganta, siempre inflamada... Y segundo, es importante por la salud cerebral. Al respirar pausadamente, diferentes estructuras cerebrales se coordinan mejor, y esos recursos neuronales se traducen en más memoria y más atención. Al inspirar por la nariz, se activa el bulbo olfativo, el cerebro se coordina, es como una especie de director de orquesta de la atención y la memoria. Se han hecho estudios: recuerdas más las palabras que has escuchado coincidiendo con la inspiración nasal. Una investigación alemana mostró, por ejemplo, que entrenar el olfato reduce la edad cerebral en personas mayores. Respirar lento también nos beneficia emocionalmente, ya que equilibra las regiones cerebrales de la ansiedad. Una respiración lenta está alrededor de las diez veces por minuto. Respirar bien va asociado a inhalar por la nariz y equilibrar el ritmo respiratorio. Sin embargo, la gran parte de la población respira unas 15-18 veces por minuto, muy rápido, y además por la boca. La educación en este tema debería ser parte del programa docente desde niños.

P. Fernando, ¿alguna vez has notado que te faltaba el aire?

F. T. Nunca en momentos importantes. No sé la razón, pero me he sentido muy cómodo en momentos de muchísimo estrés. Aunque al principio, cuando no estás preparado, sí sientes nervios. Siempre ha sido algo natural... Al principio, estás lleno de facultades físicas, luego va viniendo un punto alto de la curva y comienza la inflexión. Tú lo ves, tu cerebro lo percibe, tratas de ser el de antes, pero las piernas no llegan. Ese es un momento duro. No tienes que dejarte ir, sino entender que ya no eres el mismo. No hay nada más duro que luchar contra el jugador que eras cinco años atrás. Siempre vas a perder.

P. Salir a un campo con 70.000 personas que gritan tu nombre o te silban. ¿Cómo es eso?

F. T. Hoy es más difícil que cuando empecé. Redes sociales, exposición continua, comentarios constantes, programas de radio, de televisión, podcasts... Afecta. Y no hablamos de la competición en sí. Sino de lo que hay detrás. Nuestro mundo son esas 70.000 personas, no hay problema. El problema empieza cuando el árbitro pita el final... Desde que me quité las redes sociales del móvil, estoy muy tranquilo. A mí me parece muy triste ver que los chicos, después de un partido que han ganado, tienen cinco minutos de alegría y luego, al instante, todos en silencio con el móvil. Pero es su mundo. Y nosotros tenemos que adaptarnos a él. No podemos cambiarlo.

N. C. ¿Cómo se gestiona la derrota?

F. T. Va mucho con la edad. Tienes que entender el mundo en el que vives: lo que no puedes controlar no te puede quitar ni tiempo ni energía. Porque el deporte es salud, pero el deporte de alta competición es todo lo contrario. Se hace todo lo que no se debería hacer: se juega cada tres días, a temperaturas imposibles, bajo un estrés que no es normal...

P.¿No es insoportable tener que ganar siempre?

F. T. Es una manera de darle sentido a lo que haces. Jugamos para ganar. Solo puede ganar uno. Los demás supongo que fracasarán. No me da miedo utilizar esa palabra. Si fracasas porque has perdido, a los tres días tienes otra oportunidad. Tú decides cómo vas a por esa oportunidad.

 

"Coger un libro hace que te olvides de ti, porque al meterte ahí te entregas a otra realidad. Esa capacidad de desenchufarte del propio mundo es muy sana" Nazareth Castellanos

 

N. C. ¿Sufres más como entrenador que como jugador?

F. T. Tienes mucha más responsabilidad. Tienes que ocuparte de 25 jugadores, más diez del cuerpo técnico, más otros diez del servicio médico... Le das vuelta a todo siempre. Hay entrenadores que solo se fijan en los resultados y otros que tratan de entender al jugador. Yo me he ido más a lo segundo. Entre otras razones, porque son niños.

P. ¿Trabajas la respiración?

F. T. Me cuido. Viví en Japón un año como futbolista y allí trabajan muchísimo la respiración. Tanto para activar como para desconectar después de los partidos. Fue muy curioso para mí: al acabar el partido, nos ponían a todos en una sala y nos ponían a exhalar.

N. C. ¿En serio?

F. T. Sí, sí. Por las mañanas hacíamos ejercicios de respiración en el hotel para activarnos. Y, al acabar el partido, lo contrario. Tenía 34 años. Fue un cambio brutal.

P. Hay una frase maravillosa de López Otín en tu libro, Nazareth: "La salud es el silencio del cuerpo".

N. C. Así es. Hay una información que recorre todo el organismo que es la interocepción, que es lo que está pasando por dentro del cuerpo y que le llega al cerebro. Cuando es sana, no es consciente. Algo que se ha visto en Japón es que cuando la información es estresante para el cuerpo, produce mucha actividad en los campos eléctricos. Se pensaba que solo reaccionaba ante lo malo, pero no. Lo que se ha visto es que, ante las sensaciones buenas, se silencia. Todo se calla si te sientes bien.

P. ¿Dormir mal es ruido?

N. C. Dormir mal es suciedad.

P. ¿Dormís bien?

N. C. El que duerme siempre bien me parece un inconsciente.

P. ¿Sois optimistas con la salud mental de las generaciones venideras?

N. C. Cajal tiene un cuento que se llama El pesimista corregido. A mí me gusta mucho porque cuenta la historia de alguien que ve que las cosas están mal, pero siempre, desde ahí, ve lo bien que va a ir. Me gustan los pesimistas corregidos porque no son los optimistas que dicen que todo va a ir genial, sino los que ven que hay cosas que están mal pero que estamos yendo a mejor.

F. T. Para eso hay que ser autocrítico. Y no tener miedo. Y, si has fallado, pensar en ese a quien le tienes que pedir disculpas. Y seguir. Uno de los problemas que hay hoy en día es que te señalan demasiado con el dedo cuando te equivocas. Pues bien: como todos nos hemos equivocado, siempre hay gente que te va a echar una mano cuando te confundes.

P. Nazareth, en tu libro hablas de la importancia de la voluntad. Yo creo que esto tiene mucho que ver con Fernando.

F. T. Yo prefiero hablar de la constancia. Puedes estar motivado en un momento dado, pero ser constante es lo más difícil... Mi hermano me sacaba siete años. Yo jugaba con sus amigos y no ganaba nunca. Todo era dificultad. ¿Cómo podía compensar esas dificultades? Con voluntad. No había más. Yo era el más pequeñito. Ellos eran más altos, más fuertes, más rápidos y tenían más años. Yo solo tenía la voluntad.

P. En tu último libro, 'Un regalo de los dioses', junto a Antonio Basanta, dices que somos lectores porque somos humanos, pero sobre todo que somos humanos porque somos lectores. ¿Cómo influye la lectura en el bienestar del cerebro?

N. C. Siempre somos lectores de todo. También del mundo. Somos lectores del mundo; tratamos de interpretarlo. La lectura es fundamental para el cerebro porque, cuando te dispones a leer, lo que hace el cerebro es apagar las zonas cerebrales que están involucradas en tu yo narrativo, quién eres tú y tus circunstancias en este momento, que pueden ser maravillosas o fatales. Coger un libro hace que te olvides de ti, porque al meterte ahí te entregas a otra realidad. Esa capacidad de desenchufarte del propio mundo es muy sana. Cuando sales de tu mundo y vuelves a entrar, generalmente no entras por la misma puerta.

P. ¿Cómo vivís el impacto de las pantallas en vuestras casas, en vuestros hijos?

F. T. Es algo tan actual y tan nuevo que es muy difícil saber hacia dónde vamos. Todavía no ha sucedido.

N. C. Estoy completamente de acuerdo.

F. T. Tendremos que acompañarlos y tratar de entender su realidad. A mí me costó entender que mis hijos se relacionaban de esa manera, que quedaban con los amigos así, lo mismo que antes nosotros quedábamos tocando un telefonillo. Son adolescentes y viven en sus habitaciones. Quedaban con los amigos en casa; eran seis y estaban los seis con el móvil. Yo decía: "¿Qué hacéis? No estáis hablando". Y sí que están hablando; lo hacen a su manera.

P. Vivimos en una sociedad que no consiente el fracaso.

F. T. No estoy de acuerdo. Los fracasados son los que no aceptan el fracaso. Si tú fracasas, los que te van a criticar son esas gentes que no han salido de ahí, de su miedo, de su inseguridad, gente que se quedó en esa oscuridad... Pero hay otra gran parte de la sociedad, silenciosa, que está deseando echarte una mano cuando te caes. Porque se han caído ellos también. Los silenciosos no hablan en las redes sociales, no tienen tiempo para meterse con la gente. Siempre nos quedamos con los memes, el odio, pero quiénes son esos, cuánta gente está a lo suyo y pasa de odiar, de ridiculizar, de tirar piedras... Nos quedamos con los insignificantes.

N. C. Pablo d'Ors dice que los buenos son discretos.

F. T. Yo te querría preguntar algo, Nazareth... Les insisto mucho a los jugadores que tienen que ser capaces de percibir lo que ellos quieren. ¿Es posible entrenar al cerebro para que perciba lo que tú quieres que perciba? Porque cuando un jugador me dice "hace frío", yo le dijo que no es eso, que lo que te pasa es que tienes frío. Creo que hay que vivir incómodo, porque si estás incómodo estás preparado.

N. C. Confucio decía que hay que prepararse para el mal y esperar el bien. Desde el punto de vista de la neurociencia, sería más acertado hablar de cambiar el foco. No puedes evitar todas las respuestas en tu cuerpo. La ira, el enfado, todo eso tiene una función... Hay que dejar ese sentimiento y luego transformarlo. Primera valida y luego trabaja. No inhibir desde el principio. Porque si inhibo, pierdo recursos, pierdo inteligencia. Toda migración es más rápida cuando tomas conciencia de ti. Lo que pasa con los estados emocionales es que te vuelven ciego a ti mismo, y por eso se propagan.

P. Nazareth, ¿a ti te gusta el fútbol?

N. C. Me gustan más los futbolistas.

P. ¿Y a ti, Fernando, te gusta la física teórica?

F. T. Sí, bueno, me estoy haciendo mayor. A mí lo que me gusta es aprender.

 

- Entrevista de Pedro Simón para El Mundo