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Dalglish-Torres, encuentro entre historia y presente del Liverpool

13-12-2007

Sin comparaciones. ‘El Niño’ lo tiene muy claro. No quiere ser comparado con el Rey –Dalglish- “por ahora no he hecho nada”, dice Fernando Torres. “En verdad, me siento avergonzado de estar aquí. Por favor, sin comparaciones”.

¿Y qué hay sobre ‘King Kenny’? Cómo se siente uno cuando, durante media vida, la afición te califica de leyenda y te trata como un dios del fútbol? ¿Y qué haces cuando te encuentras cara a cara con quien se supone que es tu heredero?

“Sólo puedes ser una leyenda en la mente de alguien”, dice Kenny Dalglish. “Mientras no seas una leyenda en tu propia mente, no hay problema. Fernando, la gente quiere encasillarte, ubicarte, compararte. Pero lo más importante es que seas tú mismo.”

Es más fácil decirlo que hacerlo. No puedes dejar de hacer comparaciones. Para apreciar algo necesitas un contexto, un marco de referencia. Y si te sientas y compartes mesa con estos dos hombres de gran talento, no puedes pasar por alto aquello que tienen en común.

No sólo tienen en común que son delanteros, son Piscis, son fichajes récord y tienen la habilidad de transformar ‘The Kop’ en un frenético enjambre humano… O que, a pesar de eso, menos de 24 horas antes, contra el Bolton, Torres protagonizó una definición asombrosamente similar a la que Dalglish ejecutó en el famoso triunfo contra el FC Bruges en la final de Copa de 1978: el mismo desmarque, la misma caricia con el pie derecho, el mismo delicado rebote antes de cruzar la línea de meta, el mismo guardameta indefenso.

Obviamente, hay un vínculo ‘red’ que conecta a estos dos hombres. De eso se trata en este club. Los jugadores van y vienen, pero la camiseta perdura en el tiempo. Torres juega con Carragher, quien jugó con Fowler, quien jugó con John Barnes, quien jugó con Ian Rush, quien jugó con Dalglish. Y Dalglish jugó con Emlyn Hughes, quien jugó con Ian St John, quien jugó con Roger Hunt, quien jugó con Ronnie Moran, quien jugó con… y así hasta remontar a Malcolm McVean, el hombre que marcó el primer gol de la historia del Liverpool en 1892.

En este sentido, Torres y Dalglish son referentes de la misma tradición de 115 años. Ellos pueden preferir que no haya comparaciones -por modestia o buenos modales- pero comprenden su responsabilidad. “Somos los que llevamos a cabo el sueño”, dice Dalglish. “El sueño que los aficionados nunca conseguirán porque no pueden jugar. Ellos lo viven a través de nosotros”.

“Pero también tenemos sueños que no podemos hacer realidad”, añade tras una mirada rápida a los ojos de Torres. “Siempre quise estar en ‘The Kop’, pero nunca pude hacerlo. Sólo pude cuando la grada estaba vacía. Tiene gracia, mi hijo sí que pudo estar en ‘The Kop’. Lo dejé con alguien que lo llevó allí, lo cuidó y estuvo con él en ‘The Kop’ durante un partido. Alcanzó un sueño que yo nunca podré vivir.”

Estas palabras sorprenden. Pensar en cómo alguien como Dalglish puede echar de menos algo tan normal como una tarde de fútbol en las gradas apoyando a su equipo. Entonces Torres levanta la voz, casi con nostalgia: “Yo estuve en ‘The Kop’. Pero sólo cuando no había nadie. Y me encantaría que, cuando me retire, yo tampoco pudiera estar en ‘The Kop’.

Tiene sonrisa vergonzosa, pero con un toque pícaro. La regla de ‘no comparar’ ha desaparecido. Pero él sabe muy bien para qué ha venido. Los dos comparten el hecho de que fueron seguidores que han llegado a vivir ‘el sueño’. El de Torres es quizás más completo. Jugó en el Atlético de Madrid, Club del que fue aficionado de niño, pero Dalglish nunca jugó con los ídolos de su niñez: los Glasgow Rangers. De hecho, según cuenta la historia, en el día en que el asistente de Jock Stein’s llamó a su puerta para fichar por el Celtic, un Dalglish frenético rasgó los posters que vestían las paredes de su dormitorio.

Cuando el fútbol se convierte en tu profesión, la lealtad a un club se va a pique. “Cuando juegas es complicado ser un aficionado”, dice Dalglish. “La excepción es tu país. Esa es la razón por la que disfruto de los partidos de Escocia, porque puedo ser uno más. Puedo ser un fan”.

Fijas tus ojos en el rostro de Torres e intentas adivinar qué está pensando. La selección. Todos tiran de su país. Y cómo las cosas en España son diferentes.

“En España los clubes son mucho más importantes”, dice. “Cuando estaba en el Atlético, al jugar en el Bernabéu con la Selección la afición me abucheaba porque era un jugador del Atlético. Esto es un gran problema. Todos vestimos la misma camiseta, pero cuando entrenas con la Selección puedes ver a los jugadores del Real Madrid juntos, los jugadores del Valencia juntos, los jugadores del Barcelona juntos”.

La voz de Torres se diluye. Entonces Dalglish dice: “nunca ha habido un equipo con éxito que no tenga un buen ambiente en el vestuario. Quiero decir, no tienen que irse de copas juntos, pero un buen vestuario es muy importante”.

“¡Vestuario! Repite Dalglish la palabra en castellano, para darle más relevancia.

“Teníamos un gran vestuario en el Liverpool, estábamos muy unidos. Incluso ahora hay seis de nosotros que permanecemos unidos. Jugamos al golf, salimos con nuestras esposas. Es algo especial. Esto no se lleva ahora, ¿verdad? Dentro de 20 años no habrá seis de vosotros en la órbita del Liverpool, ¿no?” Estas palabras quedan en el aire. No es una acusación, es un hecho. El fútbol ha cambiado. Ocho jugadores del once titular del Liverpool son extranjeros. Ciertas cosas sólo pueden darse en un periodo concreto de tiempo. El mundo sigue su curso.

De vuelta al fútbol, ¿qué pasa cuando una súper estrella juega muy mal durante un partido? ¿Qué ocurre cuando nada sale bien? Quizás esperas que respondan con algún tópico, como “intentar volver a lo básico”, o desviarán la pregunta a otros compañeros. Pero no. Ellos responden con el mismo desdén. La indignación de aquéllos que están acostumbrados a soportar el peso de la responsabilidad. “Siempre quiero el balón, no importa lo mal que esté jugando”, dice Torres. “Incluso si fallamos diez oportunidades pediré el balón. Para eso estoy ahí, no me voy a esconder”.

Dalglish dice: “Por supuesto sigues queriendo el balón. Tienes que seguir adelante. En la posición de Fernando se pierden más ocasiones de las que marcas. Pero no son los goles lo más importante, es aquél que fallas. Cuantos más fallas, más cerca estás del siguiente. Tienes que pensar de este modo, y si no tienes el coraje para desarrollar esa mentalidad, no puedes jugar a este nivel”.

Si buscas más puntos en común, los encuentras. “Seguiré viendo al Atlético porque es mi equipo”, dice Torres. “Pero aparte de eso, no me gusta ver mucho fútbol. Si lo veo no es para entretenerme. Lo veo porque necesito conocer a los jugadores y equipos rivales. Necesito estudiarlos y prepararme para jugar contra ellos”.

El rostro de Dalglish se ilumina. “Yo era muy parecido a Fernando”, dice. “Solía observar a los rivales, ver las costumbres de los porteros, las características de los defensas, ver si podía aprender algo. Después miro si hay un jugador que quisiera fichar, cosas así. Pero ahora no me gusta tanto como cuando era un niño. No estoy de verdad concentrado cuando veo fútbol”.

Después de estudiar el juego durante 50 años como aficionado, jugador y entrenador, Dalglish está satisfecho por volver atrás y dejar al juego ser exactamente eso: un juego. Y quizás es por eso por lo que disfruta de este encuentro con Torres. La cautivadora humildad y confianza del español le ha hecho disfrutar. Y, quizás siete años después de dejar el deporte, se siente bien por volver a conectar, incluso aunque sea sólo por unas horas.

Y para Torres, su postura se asemeja al estudiante frente al maestro. Puede haberse sentido avergonzado antes de llegar, pero está entusiasmado con la conexión que se ha creado.

“He aprendido muchas cosas hoy” dice Torres antes de irse. “Me gusta Kenny porque es muy accesible, es una persona normal. Dice que no se siente como una leyenda, pero el hecho es que lo es. Su normalidad me impresiona. He venido a pesar de que no estoy a su nivel, pero estoy muy orgulloso de haber compartido este rato con él y es un honor que él haya empleado su tiempo en hablar conmigo. Ver a alguien como él me infunde más hambre para seguir trabajando duro y, quizás, algún día alcanzar su nivel”.

Sus ojos se cierran. Dalglish sabe que es el momento de transmitir más sabiduría. “Hoy los futbolistas son criticados por el dinero que ganan y por su modo de vida”, dice. “Pero Fernando parece apreciar todo lo que recibe”.

“Fernando, el Liverpool es un club especial con una afición especial”. Dalglish habla directamente al joven, como si estuvieran a solas en la habitación. “Ellos aman a la gente que ama vestir su camiseta. Pero no son tontos, saben cuándo es algo sincero y cuándo es sólo apariencia, besar el escudo y todo eso. Ellos aman el identificarse con los que están sobre el terreno de juego y creo que se identificarán contigo muy, muy fácilmente”.


Entrevista: Guillem Balagué para The Times

Foto: Pablo García