El fútbol inglés
2007
No fue una decisión fácil la que tomé en 2007. Resultó ser la más comprometida de mi vida. Pero comprendí que la propuesta deportiva que me ofrecía el Liverpool era definitiva para decidirme a dejar atrás doce años en el Club y siete en el primer equipo del Atleti. Mis mejores recuerdos de niño están teñidos de rojo y blanco, pero necesitaba un cambio y tenía al alcance de mi mano un proyecto al más alto nivel que pudiera soñar. En aquel momento, y tras el paso de los meses, me doy cuenta de que la decisión es acertada. El Atleti necesitaba vivir sin Torres y Torres necesitaba salir del Atleti. A los dos nos va bien y esa es la mejor noticia.
Las cosas no fueron mejor que el año anterior para el Atleti. En la última jornada perdimos el puesto en Europa que habíamos defendido durante casi toda la temporada y una vez más afronté las vacaciones con el sentimiento de no haber cumplido con el objetivo previsto. Todo el trabajo realizado desde septiembre se vino abajo en un soplo.
El verano comenzó como siempre: para descansar y para reflexionar. Pero una llamada de teléfono cambió el signo de las vacaciones. Rafa Benítez, el manager del Liverpool, quería contar conmigo para el nuevo proyecto. Me sorprendió paseando a los perros. Era la última hora de la tarde. Al sonarme el móvil comprobé que era un número extranjero. No contesté. Al día siguiente, la historia repetida. Entonces sí respondí. Me quedé helado al escuchar la voz de Rafa. No lo esperaba. Me explicó sus intenciones y yo le contesté que hablase con Miguel Ángel Gil. Si los clubes se ponían de acuerdo, no habría problemas para mi salida. Desde ese primer instante sentí que no era una oferta más. Un gran Club, el más laureado del fútbol Inglés, llamaba a mi puerta pudiendo recurrir a cualquier otro delantero de talla mundial.
Aterricé en Anfield después de despedirme de la afición, compañeros y empleados del Atlético y agradecer tanto cariño que recibí en el Calderón. Todo era nuevo e ilusionante. La presentación en Anfield, los primeros entrenamientos en Melwood, la pretemporada por Suiza y Asia… el primer gol con la camiseta ‘red’ y los primeros partidos en la Premier League, la Champions League y la Carling Cup. En especial recuerdo mi primer gol en la Premier. Fue en Anfield y en el derbi contra el Chelsea. Sin duda, uno de los momentos más emocionantes de mi carrera deportiva. Era mi presentación en nuestro estadio, ante nuestra gente, y no pudo salir mejor. En la primera acción de ataque clara, Stevie Gerrard me puso un balón de oro que pude aprovechar.
Siempre me gustó el fútbol inglés. Seguía muchos partidos de la Premier en casa e intuía que podía adaptarme bien a ese ritmo y a esa intensidad en el juego, pero resultó mucho más rápido de lo que pudiera imaginar ¡Todo fue sobre ruedas! Jugar en el Liverpool, al lado de grandes jugadores de la talla de Gerrard, Reina, Mascherano o Carragher, era algo por lo que sentirse afortunado y con ganas de darlo todo para mejorar. Con la ayuda de mis compañeros y el apoyo de ‘The Kop’, desde la grada, los goles fueron llegando. Siempre había confiado al máximo en mis posibilidades, pero nunca imaginé que todo cuajara tan rápido. Mi vida en Liverpool es tranquila. No existe tanto agobio mediático como en España y la afición te respeta a límites difíciles de imaginar. El clima no es tan complejo ni tan lluvioso como muchos pueden pensar. La temporada avanza y trataremos de cumplir con los objetivos previstos.
La afición me acogió como si siempre hubiese sido uno de los suyos. El recibimiento por parte de ‘The Kop‘ fue inmejorable. En tres de los cinco últimos meses del año me designaron mejor jugador del equipo y, en la votación de final de año, fui nombrado segundo mejor jugador de 2007 tan sólo por detrás de Gerrard. Su apoyo en los partidos también se hacía notar de forma espectacular. La primera vez que escuché el canto que me dedica la grada de Anfield fue para mí también motivo de un gran orgullo. Me explicaron que eligieron la misma canción que dedicaban a Dalglish y Fowler, dos de las más grandes leyendas del Liverpool. A los dos he tenido la oportunidad de conocerlos y ambos me han explicado lo que significa el Liverpool para nuestra gente. El reto que me han dejado es apasionante.
2008
En Viena tocamos el cielo. Sin duda, 2008 ha sido el mejor año en mi carrera profesional. Un año redondo, plagado de grandes momentos con el Liverpool y, sobre todo, con la Selección al conquistar con la Eurocopa un título que España ansiaba desde hacía 44 años. Había oído hablar mucho del gol de Marcelino y, no niego, que soñaba con repetir la hazaña. Desde niño escuchaba hablar una y otra vez del tanto que nos dio el último trofeo, aún en blanco y negro, y el destino me reservó en Austria revivir ese momento histórico. Nunca pude soñar con tanta felicidad como la que me invadió al levantar la Copa de campeones.
Esa Eurocopa puso la rúbrica a lo más destacado de un año repleto de recuerdos imborrables, difícil de repetir. Con el Liverpool conseguí vivir en toda su intensidad la Liga de Campeones. Nos quedamos a las puertas de la final después de pelear hasta la prórroga contra el Chelsea. No pude lograr el objetivo, pero me quedo con los momentos vividos en San Siro, donde eliminamos al Inter y tuve la oportunidad de marcar, o la vibrante vuelta de cuartos en Anfield donde ganamos in extremis después de un encuentro apasionante al Arsenal. Lamentablemente tampoco ganamos la Premier, aunque a nivel personal las cosas me fueron muy bien en esta competición. Conseguí 24 goles, un número récord para convertirme en el extranjero debutante más goleador en la historia de la Premier League.
Después de mis primeros meses de adaptación a Inglaterra, he podido apreciar lo que significa jugar en el Liverpool: es una experiencia increíble. Compartir vestuario con grandes futbolistas como Gerrard, sin duda el mejor futbolista con el que he jugado, y aprender de un técnico como Rafa Benítez, me ha ayudado a mejorar como jugador en todos los aspectos: la forma física, la táctica, la definición… todo era un universo nuevo para mí lleno de nuevas oportunidades para crecer junto a los mejores.
Pero cuando acabó la temporada en Inglaterra, con distinciones individuales en un primer año inolvidable, lo mejor estaba aún por llegar. España estaba dispuesta a plantar cara a los grandes de Europa. El equipo tenía calidad para estar entre los mejores, como demostró en el Mundial de Alemania y nos sólo faltaba que nos sonriera la suerte en el cruce definitivo. Y lo hizo en su plenitud. Superamos la fase de grupos con tres victorias y el hueso duro de roer tocó en cuartos: la fase maldita donde España tropezaba una tras otra. Esta vez todo resultó distinto. Ganamos a Italia en la tanda de penaltis y, desde ese momento, supimos que sería muy difícil pararnos.
Una vez superada Rusia en las semifinales, Alemania fue el rival en la final. Una de las grandes selecciones de la historia por títulos. Antes de saltar al césped del estadio Ernst Happel, Luis Aragonés me dijo que marcaría dos goles. Casi acertó. Xavi me sirvió un balón en profundidad, el defensa se confió y tuve el tiempo justo para picarla ante la salida del portero. El balón resbaló sobre el césped y la explosión de alegría se convirtió en increíble. Después los minutos se hicieron interminables, hasta el final del partido todo podía ocurrir, pero cuando el árbitro pitó toda esa tensión se transformó en una inmensa sensación de satisfacción y orgullo… ¡somos campeones!
No puedo olvidarme de cómo terminó el año. En diciembre, recibí la notificación de que concluí tercero en la elección del Balón de Oro, que otorgan los corresponsales de la revista francesa ‘France Football’. Ganó, como se esperaba, Cristiano Ronaldo. Para ser sinceros, completó un año excelente en Inglaterra. Cierto que con Portugal no completó una buena Eurocopa, pero durante los seis primeros meses, lo ganó todo. El reconocimiento de ocupar una de las tres primeras plazas me dejó plenamente satisfecho.
El lado amargo de 2008 llegó en el último tramo del año, paradójicamente el inicio de la temporada. Unas inoportunas lesiones musculares me llevaron a mal traer durante los primeros meses del campeonato. Esto impidió que mis presencias, tanto con el Liverpool como con la Selección, no resultaran continuas y que hasta el mes de enero no pudiera participar con regularidad. Más tarde llegarían las dolencias en el tobillo que también me imposibilitaron rendir con plenitud. Pero las lesiones comparten la vida del futbolista y cuando te visitan debes ponerle la mejor cara.
2009
Definir el 2009 es hablar de un año de contrastes. Empezó y acabó con momentos inolvidables. La gala FIFA World Player en el mes de enero y el récord de los 50 goles de Premier más rápidos en la historia del Liverpool abrieron y cerraron un año que también contó con algunos momentos decepcionantes. La derrota en semifinales de la Copa Confederaciones, en Sudáfrica contra Estados Unidos, o la eliminación de la Champions League en la fase de grupos fueron situaciones duras de asimilar.
Que los compañeros de profesión reconozcan y premien tu trabajo provoca una sensación de orgullo que no puede describirse con palabras. Nunca me había imaginado que llegaría a Zúrich, a la gala de la FIFA, para estar entre los tres mejores futbolistas del mundo. El sueño se hizo realidad gracias a un 2008 muy bueno a nivel personal y colectivo, con el Liverpool FC y con la Selección, tras ganar en Viena la Eurocopa. Cristiano Ronaldo fue el más votado porque fue quien mejor año completó. Messi también ganó con justicia el segundo lugar. Además, que cinco jugadores españoles nos situáramos entre los diez primeros fue otro apunte positivo de la gala. Esta es una clara muestra que indica que el fútbol español ha cambiado y ha crecido gracias a la Selección. Estamos al nivel de los mejores. Y es que, al fin y al cabo, todos los que estuvimos allí lo hicimos también gracias al esfuerzo colectivo de nuestros compañeros. A finales de año se celebró la gala anual y también tuve el privilegio de estar en el acto, al ser elegido miembro del mejor once mundial seleccionado por el sindicato europeo de futbolistas.
Con el Liverpool, la primera mitad de la temporada resultó increíble. Conseguimos importantes victorias ante grandes rivales y en terrenos de juego muy hostiles. Ganar al Manchester United en Old Trafford es un recuerdo imborrable. Tuve la suerte de marcar el primer gol de una tarde memorable. Empezamos perdiendo 1-0 y, al final, conseguimos golear por 1-4. Media hora después de acabar el partido, nuestra afición seguía en la grada del ‘teatro de los sueños’ cantando con la misma fuerza y con las mismas ganas que durante todo el partido. Al final, el ManU ganó la carrera de la Premier, pero quedamos subcampeones y puedo decir que no tiramos la toalla, que peleamos casi hasta el tramo final por conseguir el título.
El resto de la campaña resultó menos productivo. No comenzamos con buen pie la Premier y en la Champions League las cosas tampoco salieron bien. En la fase de grupos resultamos eliminados cuando en años anteriores siempre alcanzamos, como mínimo, los cuartos de final. En el plano individual conseguí encadenar una racha goleadora y, durante varias jornadas, encabezar la clasificación de máximos goleadores, pero unas molestias en el pubis me obligaron a echar el freno y parar durante un tiempo. Por fortuna regresé para poder ayudar al equipo en Villa Park, donde conseguí un gol importantísimo para nuestras aspiraciones a una plaza de Champions. Además, ese tanto nos sirvió para conquistar un récord: ser el más rápido en marcar medio centenar de goles de Premier para el Liverpool ¡en más de cien años de historia! Todo un honor que considero uno de los logros más importantes de mi carrera.
En junio también nos quedamos a las puertas en la Copa Confederaciones. Viajamos a Sudáfrica con la Selección como Campeones de Europa y me llamó muchísimo la atención cómo nos recibió la afición. A nivel colectivo, el triunfo de la Eurocopa convirtió a España en una de las selecciones favoritas y la gente nos demostró su cariño en cada rincón. A nivel personal, me di cuenta de la gran repercusión que tiene la Premier League en todo el mundo. No me esperaba tanto reconocimiento, me sorprendió mucho desde el primer día. Es increíble que, tan lejos de España o Inglaterra, la gente reconozca tu trabajo y te admire. En lo deportivo el campeonato no transcurrió como esperábamos: Estados Unidos nos eliminó en semifinales. Fue duro de asimilar, te sientes dolido y con rabia, pero siempre se puede sacar algo positivo de las derrotas, como descubrir que somos capaces de asimilar la derrota con la misma humildad que celebramos la victoria. Eso dice mucho de un equipo para el futuro.
2010
¡Conquistamos Sudáfrica! Pese a un año de vaivenes, el triunfo que conseguimos en el Mundial siempre compensará todos los esfuerzos y sacrificios realizados para conseguir el objetivo: todo queda en segundo plano cuando levantas la copa dorada al cielo y consigues el gran título para la historia del fútbol español. Pero no sólo hubo alegrías con la Selección. El año me trajo más récords anotadores en Anfield, goles inolvidables que también ayudaron a sobrellevar las dos operaciones de rodilla que me practicaron en la primera mitad del curso.
En enero, en un partido de Copa de Inglaterra contra el Reading, sufrí la primera lesión que me obligó a pasar por el quirófano. Rotura en el menisco externo de la rodilla derecha fue el diagnóstico, pero todo salió bien y recuperé increíble el tono hasta conseguir en primavera el récord de marcar cuatro dobletes consecutivos en Anfield. Todo pintaba muy bien de cara al Mundial, pero otra lesión en la misma rodilla y en el mismo menisco acabó con una segunda operación en abril. Se trataba de ajustar mucho los plazos para llegar en perfectas condiciones al torneo.
Me tocó trabajar duro y a contrarreloj en Galicia, entre Santiago y Vigo, con mucho sacrificio y la ayuda de médicos y fisioterapeutas y el respaldo del cuerpo técnico de la Selección conseguí estar listo a tiempo. Tanto esfuerzo mereció la pena, ya que la experiencia resultó inolvidable. Ganar un Mundial era lo máximo y lo conseguimos superando a Holanda en una dura y exigente final. Cuatro títulos con la Selección en varias categorías me hacen sentir orgulloso de defender la camiseta de mi país, pero lo más importante es que esta generación no tiene techo y está capacitada para seguir conquistando trofeos.
De vuelta a Liverpool, el nuevo proyecto con Roy Hodgson como entrenador no arrancó con buen pie y en pocas jornadas nos vimos en la zona de descenso. Afortunadamente la tendencia cambió en noviembre con una buena racha a nivel personal y colectiva. Cuatro goles y cuatro victorias consecutivas ante Blackburn Rovers, Chelsea, Wigan y Bolton nos dieron alas y nos plantamos a las puertas de Europa para acabar el año en un lugar más seguro, aunque no el que correspondía al Liverpool por equipo, afición e historia.
2011
En 2011 tomé una difícil decisión: cambiar de club. El Chelsea llamó a mi puerta el verano anterior y decidí quedarme en Liverpool FC y decir ‘no’ a los ‘blues’. Sin embargo, una de las promesas que tuve en cuenta se rompió con la marcha de Mascherano de Anfield en el último tramo del mercado. Se me prometió que deportivamente no nos debilitaríamos y la ilusión se fue desvaneciendo. Las expectativas se iban derrumbaron según avanzaban los partidos. Además, se produjo un cambio en la propiedad del club, nuevos propietarios que no eran responsables de aquellas promesas. Quienes prometieron ya no estaban. Hodgson, quien me convenció tras la marcha de Benítez para quedarme en el equipo, también fue destituido.
Se abrió la ventana de invierno y, en contra de lo esperado, el Chelsea F.C. volvió a apostar fuerte por mí. Estaba seguro de que ese tren, que ya dejé pasar en una ocasión, no volvería a pasar. Los clubes comenzaron negociar y yo seguí dando todo por la camiseta ‘red’ hasta el último instante ¿Por qué no habría de hacerlo? Incluso en mi penúltimo partido marqué dos goles al ‘Wolves’, con la negociación abierta entre las partes. Confié en las promesas que me hicieron desde el club para facilitar en lo posible la salida, pero eso no resultó más que otra promesa incumplida. Todo eran trabas y problemas.
Al final todo se desbloqueó gracias a que el Chelsea accedió a las pretensiones del Liverpool y cerraron el traspaso en 50 millones de Libras Esterlinas. De este modo, tan amargo y triste para mí, se hizo realidad el fichaje por los ‘blues’, pero a costa de una agotadora negociación. Los caprichos del destino quisieron que el debut con mi nuevo club fuera, precisamente, ante el Liverpool FC. Ganaron los ‘reds’ por 0-1 con gol de Meireles, quien a la temporada siguiente sería compañero de nuevo en Stamford Bridge.
Al Liverpool FC le debo muchísimo, a la gente, a Benítez y a su cuerpo técnico, a la ciudad. Liverpool es y será una parte fundamental de mi vida. Aunque no me recuerden como hubiera sido mi deseo, el tiempo determinará nuestra relación. No podría haber elegido mejor destino al irme del Atleti que Liverpool. Algo similar sucedió del Liverpool FC al Chelsea. Decidí marcharme porque debía dar un paso adelante. No fue la mejor manera de irme, pero tampoco fue como se vendió. Confío en que algún día se sabrá la verdad.
La gente del club y la afición me recibió con los brazos abiertos. Ya incluso antes de ser jugador ‘blue’ me demostraron su cariño en un desplazamiento a Goodison Park: “Torres Number Nine”, ya cantaba cuando las negociaciones ardían. La exigencia era máxima y me comprometí a dar el máximo para estar al nivel de un club que aspiraba a todo, a ser el primero en todo, acostumbrado a estar en lo más alto. Los resultados nos apearon de los cuartos de final de la Liga de Campeones en una dura eliminatoria ante el Manchester United, siendo subcampeones de la Premier. La temporada siguiente comenzó repleta de retos, el nuevo técnico Villas-Boas relevó a Carlo Ancelotti y todo apuntaba a que pelearíamos por todo. No fue así, llegamos a diciembre con problemas para superar el grupo de Champions League y con resultados tibios en la Premier… Poco sabía entonces que mis sueños se harían realidad apenas unos meses después con dos grandes títulos, los primeros de mi carrera a nivel de club.
2012
El 2012 resultó un año repleto de títulos en el que conseguimos ganar tres competiciones: Champions League, F.A. Cup y Eurocopa de Naciones con la Roja. En el plano personal también pude hacerme con mi primera Bota de Oro en el torneo de Polonia-Ucrania. Además tuve la satisfacción de conseguir los primeros títulos con un Club, que como recordaréis es una de las razones que me llevaron a firmar por el Chelsea.
La Champions fue el segundo título de la temporada, dado que semanas antes logramos ganar la F.A. Cup. Ya había experimentado previamente con La Roja las sensaciones de jugar grandes finales, levantar un trofeo… y lo vivido en Múnich con el Chelsea siguió por ese camino: a un enorme esfuerzo siguió una alegría desbordante e indescriptible.
La Champions League siempre había sido MI sueño. De niño me imaginaba cómo sería levantar este trofeo. Y, la verdad, estuvo cerca de escaparse cuando casi la tocábamos con los dedos. Costó mucho llegar a la final: la fase de grupos, la remontada en Stamford Bridge ante el Nápoles, vencer al Barça de Guardiola -que defendía el título-… Ya en el partido definitivo, el Bayern consiguió ponernos contra las cuerdas con un gol casi al final, en el 83’. Todo parecía hundirse, pero no nos rendimos y conseguimos empatar y ganar en los penaltis: ¡¡el título de mis sueños ya era nuestro!!
Y aún quedaba más. Tuve la oportunidad de defender a España por tercera ocasión en una Eurocopa, la de Polonia-Ucrania. Acudimos a la cita a defender el título que conseguimos cuatro años atrás en Viena y, una vez más, logramos llegar a la final con mucho esfuerzo, después de superar a Francia y Portugal en cuartos y semifinales, nos encontramos con Italia en la final de Kiev. Jugamos un gran partido y logramos un resultado irrepetible, un 4-0 en el que conseguí marcar el tercero. Además del título, logré la Bota de Oro como máximo goleador del torneo. Me enteré en la celebración con mis hijos porque lo pusieron en el vídeo marcador. El coeficiente me hacía ganador. ¿Se puede pedir más?
El punto negativo del año tocó en las finales de Supercopa de Inglaterra, Supercopa de Europa y Mundial de Clubes. Estos tres títulos se nos escaparon de las manos, aunque la derrota más severa la sufrimos ante el Atlético de Madrid en Mónaco. Fue un partido muy especial por ser mi primer enfrentamiento con el equipo de mi vida. El ‘Atleti’ no es sólo el club de donde salí, sino también donde me formé como persona. Allí pasé doce años y no sólo me enseñaron a jugar al fútbol, sino a reconocer valores. Sin embargo, una vez sobre el césped tuve que dejar todos estos sentimientos a un lado y concentrarme en ganar el título. Perdimos por 1-4, una gran decepción, pero después del partido me llevé la satisfacción de escuchar a la afición rojiblanca coreando mi nombre, como tantas tardes lo hicieron antaño en el Vicente Calderón.
2013
Después de la Champions League y la F.A. Cup de 2012 los títulos siguieron llegando en 2013. Aprovechamos la oportunidad concedida por la Europa League ganando un título continental por segundo año consecutivo, después de ser eliminados en la fase de grupos de la ‘Champions’, competición que siempre debe jugar el Chelsea. Sin embargo, la cruz de la moneda nos mostró el lado amargo de la derrota en una final, en la Copa Confederaciones contra Brasil. Lo más positivo que pude sacar del torneo fue la Bota de Oro, en buena parte gracias a los cuatro goles que conseguí marcar en el histórico estadio de Maracaná en Rio de Janeiro.
La Europa League es una competición en la que siempre he tenido buenas sensaciones. Desde la primera aparición con el Liverpool en la 09/10, con cuatro goles en cuatro partidos, hasta la última con el Chelsea en la que conseguimos el título frente al Benfica en Amsterdam. En un camino de nueve partidos (cuatro eliminatorias mas la final) logré seis goles, incluido uno en la final. Dejamos atrás a Sparta de Praga, Steaua Bucarest, Rubin Kazan y Basilea antes de plantarnos en el partido decisivo. El Benfica plantó cara. Marqué el primero en una contra y nos empataron poco después de penalti. En el tiempo añadido todo apuntaba a la prórroga cuando Ivanovic decidió a nuestro favor cabeceando un saque de esquina. La explosión de alegría fue increíble ¡Otra vez Campeones!
Finalizada la temporada con el Chelsea llegó el turno de La Roja. Otro bonito reto por delante en la Copa Confederaciones de Brasil, ensayo general del Mundial que tendrá lugar el verano siguiente. En la segunda jornada nos tocaba visitar un estadio mítico para el Fútbol: Maracaná. Jugar en un campo así es algo que siempre sueñas, pero que no sabes si se va a poder dar en tu carrera profesional. Sin embargo, nosotros lo teníamos al alcance.
Tuve la oportunidad de ser titular en el once de la Selección ante Tahití y logramos una victoria muy amplia, por 10-0, frente a un rival muy digno, que dio la cara y quiso jugar al fútbol por encima de todo, sin pensar en las consecuencias. Conseguí anotar cuatro de estos diez goles, mi primer ‘cuarteto’ como profesional y sin duda un gran recuerdo de mi primer partido en un estadio eterno. Además estos cuatro tantos me ayudaron a conseguir la Bota de Oro del torneo, aunque en la final nos ganó Brasil, también en Maracaná. No hubo felicidad completa como en la final de la Eurocopa 2012 en Kiev.
En el Chelsea hubo cambio de entrenador para la temporada que comenzaba. Rafa Benítez nos condujo al título de Europa League, pero su cargo caducó con la temporada y regresó en su lugar José Mourinho, un técnico admirado por la afición y los jugadores, que venía avalado por sus éxitos no sólo en el Chelsea, sino en otros grandes clubes de Europa. Su llegada fue una motivación, un nuevo reto para luchar por todos los títulos en un club ganador.
La primera ocasión fue en Praga, en la Supercopa de Europa. Nos enfrentábamos de nuevo al Bayern de Múnich, esta vez dirigido por Pep Guardiola. Conseguí abrir el marcador de volea a los ocho minutos de juego, mi debut goleador en esta competición, pero Ribery empató y llegamos a la prórroga. Peleamos hasta el último aliento por el título, adelantándonos de nuevo mediante Hazard. En este deporte cada minuto, cada instante cuenta, y si en Amsterdam Ivanovic nos dio el título en el tiempo añadido esta vez fue al revés. Javi Martínez igualó en el último suspiro y nos llevó a los penaltis. En ese cara o cruz los alemanes se vengaron de lo sucedido en la ‘Champions’ que ganamos en Múnich el año anterior. Como ante el ‘Atleti’ en Mónaco nos quedamos a las puertas de este exclusivo título sólo al alcance de campeones continentales.
2014
La alegría y la ilusión resultaban incontenibles cuando el 29 de diciembre aterricé en Madrid sin billete de vuelta. Era la primera vez que lo hacía desde que me trasladé a Liverpool en verano de 2007. Después de siete años en el fútbol inglés y tras un breve paso por Milán, por fin encontré el camino de regreso a casa. Fue el emocionante final de un 2014 en el que pasé por tres clubes y cumplí 30 años. También hubo lugar a decepciones y momentos de tristeza, personas y retos importantes se quedaron en el camino. El rojo y blanco marcó los dos acontecimientos más destacados, mi vuelta al Atlético de Madrid y el fallecimiento de Luis Aragonés. Mi principal profesor en el fútbol se marchó para siempre el primero de febrero, dejando tras de si un valioso legado. También el 2014 trajo otro doloroso episodio, el que sufrió la gran generación de la Selección con un mal resultado en el Mundial de Brasil.
En el Chelsea seguimos trabajando para lograr los objetivos bajo las órdenes de José Mourinho. Bien pronto, en enero, pude celebrar mis 200 partidos en Premier League, una cifra redonda de la que me siento especialmente orgulloso por el altísimo nivel del campeonato. Lo pude celebrar ganando y marcando en casa del Hull City, mi gol número 84 en la competición inglesa. El año había comenzado bien en lo deportivo y todo se perfilaba de cara, pero febrero llegó con una tristísima noticia bajo el brazo. Luis Aragonés fallecía en Madrid. El ‘viejo’, como muchos le conocíamos, dejaba tras de sí un vacío enorme en el fútbol y, sobre todo, en mi corazón y en el de todos aquéllos que tanto compartimos (y aprendimos) con y de él.
Siempre recordaré a Luis como la persona que de verdad me preparó para la realidad del fútbol al máximo nivel: “¡Niño! Usted no sabe nada de nada”, me decía casi a diario. Ahora sé que lo hacía porque me apreciaba mucho. Me preparó para que pudiera llegar donde yo quisiera, desde el cariño que me tenía y que siempre conservó.
Con él conseguimos el ascenso desde el ‘infierno’ de Segunda y con él debuté en Primera división. También viví la gestación y nacimiento del mejor equipo de la historia, la Selección española que encadenó dos Eurocopas y un Mundial. Cuando comprendimos e interiorizamos su discurso, que podíamos ser campeones, nos hizo creer que en fútbol ese es el primer paso hacia los sueños más difíciles. Y lo hizo a contracorriente, cuando las dudas desde fuera eran más grandes que nunca. Luis pasará a la historia como el hombre que cambió el fútbol español, el que nos hizo soñar, creer, luchar y ganar.
Los ‘blues’ finalizamos terceros en la Premier League, insuficiente para un club como el Chelsea, aunque pude acabar la temporada con un gol al Cardiff. Poco intuía en ese momento que serían mi último gol y mi último partido en Inglaterra… Pero eso sucedería después del siguiente gran reto del año, el Mundial de Brasil. Acudimos a defender el título y todo comenzó con el pie izquierdo. La derrota inicial frente a Holanda fue muy dolorosa. Nos obligaba a ganar los dos partidos siguientes, pero caímos de nuevo ante Chile en la segunda cita y ahí acabó nuestro sueño mundialista. Para todos nosotros fue una gran decepción tras seis años en los que ganamos prácticamente todo y asombramos al mundo.
Tras las vacaciones arrancó una pretemporada más con el Chelsea, como siempre con buenas sensaciones y dispuesto a pelear por un sitio en el equipo. Sin embargo al comienzo de la competición no hubo lugar a jugar minutos y poco después, a finales de agosto, me decidí dar un nuevo rumbo a mi futuro profesional. El proyecto más atractivo fue jugar en la Serie A italiana con el A.C. Milan, otra gran competición con un club histórico del que Albertini me había hablado maravillas cuando compartimos vestuario en el Calderón. Necesitaba nuevos retos y este encajaba a la perfección.
Me sentí muy querido desde el primer día en Milán, las expectativas eran grandes para todos nosotros. San Siro, Milanello, el impresionante museo del club… todo era tal y como había imaginado, a la altura de un gigante de la historia del fútbol. Sin embargo la realidad deportiva transcurrió por otros senderos lejos de lo deseado. En poco tiempo ya no contaba con la confianza del míster, Filippo Inzaghi. Acaté con respeto su criterio, pero la escasez de minutos me obligó a mirar hacia adelante y buscar otro destino que me diera las oportunidades que no encontré en San Siro. En este escenario surgió el interés del Atlético ¡mi Atleti! No tuve dudas. Mi futuro era tan rojiblanco como mi pasado.
Y así se cerró el círculo. En un abrir y cerrar de ojos, a escasas 48 horas del final de año. Me encontraba concentrado en Dubai cuando las negociaciones se cerraron. Teníamos programado un amistoso contra el Real Madrid, pero no llegué a vestir más de ‘rossoneri’. Tomé el primer vuelo con destino Madrid y comenzó una nueva etapa. Al día siguiente y después de un recibimiento increíble en Barajas ya estaba entrenando en el Cerro del Espino. Todo me resultaba tan familiar que en ocasiones sentía como si no hubiese pasado el tiempo ¡Estaba de vuelta en el Atlético! Dispuesto a darlo todo otra vez con la rojiblanca, aportar mi experiencia al grupo y conseguir títulos para mi Atleti. El gran sueño aún por cumplir: volver a Neptuno con un gran trofeo.